Instituto Saenz

La vocación de la esperanza

22 Diciembre 2014 Por:

Durante este año reflexionamos en más de una oportunidad sobre nuestra misión como educadores. Tenemos certeza de que se trata de nuestra vocación y, desde ella, nuestra profesión educativa, que conduce a crecer y hacer crecer en la búsqueda de la verdad y del bien. ¿Y qué significa esto en nuestra tarea diaria? ¿Cómo buscarlos? Es evidente que mediante el aprendizaje y la exploración de contenidos acerca de la creación y de los hechos que Dios nos ha permitido descubrir a lo largo de los siglos, podemos llegar a la verdad. Pero todos tenemos claro que la simple acumulación de información, técnicas y métodos no pueden satisfacer nuestra búsqueda. Sabemos que el conocimiento y los procedimientos son medios para crecer y ayudar a otros a crecer, para aprender y enseñar cómo discernir lo verdadero de lo falso, lo justo de lo injusto, lo moral de lo inmoral, lo que eleva a la persona de lo que la manipula...

Esencialmente, crecer y hacer crecer implica un encuentro– un encuentro que requiere salir y ponerse junto al otro, enriquecerse y complementarse con el otro; requiere que estemos atentos y que vivamos aprendiendo del otro. Y que también requiere fortaleza para poner y ponernos límites y para exigir y exigirnos la experiencia del esfuerzo, la experiencia de enfrentar desafíos, resistir frustraciones, levantarse de las caídas, corregir errores...        

Sin embargo, en una época signada por la mediocridad, por la satisfacción inmediata de los deseos, por la relatividad,  no es difícil caer en el conformismo y la pérdida de la esperanza, olvidando el encuentro y dejando de lado nuestra misión. Por eso,  es bueno recordar lo que año a año les decimos a los alumnos cuando comienzan primer año en el Instituto: hemos elegido la vocación de la esperanza.  Si no fuera así, habríamos equivocado nuestra elección. Si no tenemos esperanza en el futuro, ¿qué hacemos trabajando en la educación? 

Pero...  ¿A quién acudir en momentos de desesperanza? Volvamos a leer el primer milagro de Jesús, en las Bodas de Caná. ¿Cuáles son las tinajas que debemos llenar de agua para que Jesús haga el milagro? Cada uno de nosotros deber reconocer sus talentos – sus tinajas – y llenarlas de agua generosamente. Con ella, Jesús hará el milagro y convertirá nuestro “poco” en “mucho”. Como en Caná, María nos ayuda con su ejemplo e intercesión a saber confiar, a dejarnos guiar ... y a un sereno esperar.

Esta debe ser entonces nuestra misión y dignidad: crecer y hacer crecer, buscar la verdad y vivir la esperanza, en la seguridad de sentirnos acompañados por Cristo. Es también una exigente responsabilidad presente y de cara al futuro. En la educación, en nuestra tarea diaria, se juega en gran medida la vida y el porvenir de nuestra Patria.-

 

* Publicado en la revista del Colegio Belgrano. Nº 36. Año 6. Diciembre 2005.

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Prof. Ana Jordan

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